SER MAESTRA EN TIEMPOS DE CUARENTENA 1
Hola, hola Señorita de la Web.
“Hoy no es un día cualquiera, es
jueves 19 de marzo de 2020, en teoría tendría que dar una clase de Periodismo a
mis alumnos de segundo semestre, sin embargo, la escuela que siempre es un mar
de vida, lleno de movimiento y de risas de niños, hoy parece un cementerio.
Aunque la primavera está próxima
a llegar el cielo se ve gris, no sé si realmente el cielo es quien está gris o si
soy yo que me siento profundamente triste porque de un momento a otro la vida cotidiana
que tenía, cambió su rumbo y por lo que veo, así ha ocurrido con la vida de
todos.
Entro al salón 201, me parece ver
a Luciano sentado en el bote de basura, así como hace siempre que quiere
distraer mi atención; o a Jonathan sacar una galleta a escondidas con la
esperanza de que no me de cuenta de que está comiendo sin permiso en el salón.
Me parece escuchar a Reylli y a Jorge participando en la clase; sin
embargo todo esto no es más que el proceso de negación que me hace aferrarme a
algo que por ahora se ha ido.
Este salón al igual que todos los
del colegio gritan con su silencio que están abandonados y los pizarrones han
quedado en blanco, guardando la esperanza de que alguien escriba nuevamente en
ellos.
La causa de esta notable soledad
es un virus llamado COVID-19, de origen “desconocido” y que ha atacado a todo
el mundo. Se dice que por sí mismo no es tan peligroso, pero que es altamente
contagioso y que si tienes algún
padecimiento crónico puede agravar tu condición y podrías incluso perder la
vida.
Para evitar que la población
mexicana se contagie, las autoridades gubernamentales han decidido que las
escuelas deben parar sus actividades; sin embargo, la propuesta de frenar
acciones por 40 días se ha extendido más de la cuenta, en teoría debimos
regresar a la escuela a principios de mayo, después dijeron que en junio, y
ahora no hay una fecha exacta para volver a incorporarnos a los salones.
No tiene caso seguir en el salón,
mejor agarro mis cosas y miro una vez más las bancas de mis alumnos, y me
despido imaginariamente de ellos, no sé si la vida me permita regresar a
verlos, así que imagino que me regalan una sonrisa y agitan su manita así como
despidiéndose.
Me cuelgo la mochila y bajo las
escaleras, atravieso el gran patio y me aproximo a la puerta principal, me
despido del guardia de seguridad y con una sonrisa le digo: “¡hasta pronto, a
echarle ganas!”; sin mucho ánimo, apenas y levanta la mano para despedirse.
Una vez afuera me subo al carro,
miro la fachada de esa escuela que ha sido parte de mi historia por un año,
respiro profundamente y me voy con muchs dudas, ¿cómo será dar clases en época de cuarentena?, ¿por fin la educación a distancia se sobrepondrá a la educación presencial?, ¿como sociedad estamos preparados para ese brinco a gran escala?



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